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Galería Lucía Dueñas

Fridays for the future

Preço normal €5.500,00 EUR
Preço normal Preço de saldo €5.500,00 EUR
Em promoção Esgotado
Imposto incluído.

Instalación formada por dos imágenes fotográficas enmarcadas de 80 x 60 cm. c/u, impresión inkjet sobre papel de algodón y doce cajas de cereales intervenidas.

The future is theirs

La máscara es un elemento arcaico en la historia de la escenificación del ser humano. Llevar una máscara parece ser el proceso teatral básico por excelencia, pues a quien lleva una ya no se identifica con quién es realmente, sino con aquel al que quiere representar. En este mismo sentido, el lector de prensa no identifica al guerrillero de más alto rango como Rafael Guillén, sino como Subcomandante Marcos, uno más de los guerrilleros del EZLN. La máscara, el vestuario y la apariencia exterior del actor, intervienen en la creación del personaje creado, desvinculándolo completamente del común de seres humanos.

Según afirma Erika Fischer-Licite en su libro “Semiótica del teatro” (1999, p. 155) la máscara fija priva a su portador de esta jerarquía real; no lo deja aparecer como tal, como les parece a los otros por su posición en la sociedad, sino como alguien que no pertenece de la misma forma a la sociedad. Esta pérdida de la identidad conlleva un sugerente misterio que se convierte en uno de los valores informativos más reclamados. Esta pérdida de la individualidad en favor de lo colectivo ayuda a la creación de una metaidentidad en su condición de vengadores anónimos, a la manera de Batman o los encapuchados del Popol Vuh.

En esta obra el uso de la máscara busca la singularidad en un sentido político de lucha, ya que todos y todas estamos representados en ellas. Los egos desaparecen y ayudan a unificar y generar una cierta fuerza colectiva que genera un sentimiento de invencibilidad. Éstas no son un disfraz sin más, como pueda suceder en muchas de las historias de superhéroes, aquí se convierten en la idea de lucha frente a los retos presentes con la intención de buscar un futuro mejor.

Cada sentimiento tiene su representación y su tipología de máscara, y en esta pieza, la máscara está realizada con cajas de cereales para el desayuno invertidas y agujereadas, al más puro estilo pasamontañas o máscara de lucha mexicana con su multiplicidad y variabilidad cromática y estética. Estas cajas se obtienen de un mundo dominado por el consumo, convirtiéndose en un símbolo para la reflexión del sistema capitalista desde dentro del propio sistema al que pertenecemos. La lucha por la igualdad, como la iniciada por las veinteañeras chilenas; contra el cambio climático, como la incansable Greta Thunberg; o en busca de una sociedad más justa y equitativa son algunos de los aspectos que las y los jóvenes tienen por delante. El futuro es de estos jóvenes, pero puede que no tengan futuro si el ser humano sigue mal tratando y abusando de la naturaleza o sigue mercantilizando a las personas, anteponiendo la economía a la propia humanidad.

Las cajas de cereales van acompañadas de dos imágenes en las que se ve a dos niñas con el rostro tapado por dos de las máscaras crea das con cajas de cereales, y que son las hijas de los artistas de la obra. Con una pose seria y desafiante, aparentemente enfadadas, nos miran fijamente cuestionándonos sobre qué hacemos para mejorar nuestro presente y su futuro. En un mundo de adultos, ellas parece que nos son escuchadas y solo les queda ponerse la máscara y luchar por su propio futuro, ese que les pertenece pero que puede que no vean, o que lo que vean no sea lo que se esperaba. El futuro está en riesgo y si no lo salvamos no las salvamos a ellas.

Autor@s: Verónica Ruth Frías y Cyro García