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Galería Lucía Dueñas

Armadas hasta los dientes

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Video 2:51 min.                                                                                               

Verónica apela directamente a las otras mujeres mediante el altavoz de sus redes sociales, a las mujeres de su entorno, a las artistas, a las otras madres, a las otras hijas. En una jerga coloquial propia del medio, con esa públicamente la necesidad habitual de sentirse protegido al caminar sola en plena naturaleza o al regresar de noche a casa. Mujeres de todo el mundo sienten ese miedo instintivo al cernirse constantemente sobre la pesada sombra de la agresión sexual y, con frecuencia, depositan cierta confianza en algún objeto que deviene mágicamente en arma defensiva. Una piedra en el bolsillo, unas llaves empuñadas a modo de arma blanca. A través de cientos de comentarios, las mujeres que se sintieron interpeladas responden desde su experiencia, desde la tristeza de la cotidianidad de estos objetos de autodefensa, variopintos y en algún caso insólitos. Algunos de esos objetos han sido aquí depositados como vestigio arqueológico del presente inmediato de las mujeres que, un día tras otro, caminan inseguras por el mundo.

La pieza de videocreación "Armadas hasta los dientes" actúa a modo de preámbulo situacional de toda la exposición, pues en ella se advierte la actitud de empoderamiento que recorrerá cada sala. La proyección, que ocupa el testero principal de la sala en formato panorámico, nos envuelve y sobrecoge a partes iguales. Aquí encontramos a una Verónica Ruth Frías hierática que asume un posicionamiento inquietante sobre el espectador, pertrechada con una escopeta de caza de dos cañones y dispuesta a disparar en cualquier momento. La escena provoca una atmósfera atemporal y monocorde, lo que se propicia mediante la pose frontal, estática y el paisaje ensordecedor absolutamente ocupado por el estridular monótono de las cigarras, que nos hacen pensar en un calor sofocante. Resulta paradójico que el sonido de las vulgares cigarras macho procede de mundanas intenciones como marcar territorio ante sus conductores o atraer sexualmente a las hembras. En mitad de esa naturaleza omnipresente y sonora, Verónica apunta y regresa a una posición en guardia; asienta los pies separados en el suelo, procure un buen equilibrio corporal y mantenga libres los brazos y el tronco para un eventual y necesario giro. Sistemáticamente, apunta y se rearma en su guardia. Todo parece alertarnos en esa incertidumbre sobre la posibilidad del disparo, que de alguna manera resuena en la mente del espectador. asienta los pies separados en el suelo, procure un buen equilibrio corporal y mantenga libres los brazos y el tronco para un eventual y necesario giro. Sistemáticamente, apunta y se rearma en su guardia. Todo parece alertarnos en esa incertidumbre sobre la posibilidad del disparo, que de alguna manera resuena en la mente del espectador. asienta los pies separados en el suelo, procure un buen equilibrio corporal y mantenga libres los brazos y el tronco para un eventual y necesario giro. Sistemáticamente, apunta y se rearma en su guardia. Todo parece alertarnos en esa incertidumbre sobre la posibilidad del disparo, que de alguna manera resuena en la mente del espectador.

Pedro Alarcón